Catequesis Junio

El Espíritu Santo nos hace abundar en la Esperanza

El último fin de semana de mayo celebramos la fiesta de Pentecostés, y como es la fiesta de  la iglesia, nos parece muy importante, continuar hablando en este mes de junio, de la relación que hay entre la esperanza cristiana y el Espíritu Santo. El Espíritu es el viento que nos empuja hacia adelante, que nos mantiene en camino, nos hace sentir peregrinos y forasteros, y no nos permite convertirnos en cristianos “sedentario”.

El apóstol san Pablo concluye su Carta a los Romanos con este deseo: “El Dios de la esperanza los colme de toda alegría y paz en nuestra fe, hasta rebosar de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo”. Reflexionemos un poco sobre el contenido de esta bellísima palabra. La expresión “Dios de la esperanza” no quiere decir solamente que Dios es el objeto de nuestra esperanza, quiere decir también que Dios es Aquel que ya ahora nos hace esperar, es más, nos hace “alegres en la esperanza”: alegres de esperar, y no sólo esperar ser alegres. Es la alegría de esperar y no sólo de  esperar tener alegría.

 “Mientras haya vida, hay esperanza”, dice un refrán popular; y es verdad también lo contrario: mientras hay esperanza, hay vida. Los hombres necesitan esperanza para vivir y necesitan del Espíritu Santo para esperar.

San Pablo también atribuye al Espíritu Santo la capacidad de hacernos “rebosar de esperanza”. Rebosar de esperanza significa no desanimarse nunca; significa esperar “contra toda esperanza”, es decir, esperar también cuando desaparece cualquier motivo humano para esperar, cuando queremos bajar los brazos, cuando queremos renunciar a todo…

El Espíritu Santo no nos hace solo capaces de esperar, sino también de ser sembradores de esperanza. Un cristiano debe llevar perfumes de esperanza, para cambiar el ambiente que le toque, siendo portadores de la ternura de Dios, de su fortaleza, de su consuelo, de sus caricias. Nuestras palabras y nuestros consejos, nuestra forma de ser y hacer, nuestra voz, nuestra mirada, deben ser una luz de esperanza para todos los que comparten nuestra vida.

Que el Espíritu Santo alimente nuestra esperanza y nos dé, como a los apóstoles, fuerzas, ánimo y un corazón cada día más parecido al de Jesús.

Papa Francisco “Catequesis sobre la Esperanza

Audiencia general · 31 de mayo de 2017

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